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UNA HERRAMIENTA PRECIOSA
Dedicarle esfuerzos al autoconocimiento representa un tremendo
reto. Pero constituye uno de los procesos centrales en el
desarrollo de la carrera profesional. Superar dimensiones
conocidas, aunque sean las interiores, genera enorme ansiedad.
Muchas veces, en nombre de la tranquilidad le imponemos límites
a nuestro movimiento en dirección a nosotros mismos.
Dichos límites acaban por consolidar algunos paradigmas
que nos enredan y no nos dejan ver con nitidez nuevas perspectivas.
Por ello considero el sabático una buena herramienta
para identificar nuestros puntos fuertes y potencialidades,
evaluar en qué condiciones respondemos mejor, en qué
circunstancias reaccionamos mal. Entrar en período
sabático implica analizar nuestras competencias, realizar
un mapeo del know-how ya dominado, descubrir caminos, medir
nuestros recursos más profundos.
Sabático es aislarse del trabajo, inspirado por una
motivación íntima. Su objetivo consiste en reevaluar
la vida personal o profesional. No importa su duración,
sea de meses o años, ni su formato. Puede ser un viaje
turístico, un curso en el extranjero, trabajo voluntario,
reclusión en el hogar. Lo que caracteriza un período
sabático es la separación de la rutina para
revisar rumbos. El término proviene del hebraico shabbath,
y significa reposo. Es el día de retiro semanal de
los judíos. En el Viejo Testamento se hace referencia
al año sabático: un año, cada seis, en
que la tierra no se cultiva, para después empezar un
nuevo ciclo de fertilidad.
En las universidades estadounidenses el sabático se
remonta a siglos. Profesores o empleados graduados que trabajan
seis años consecutivos en la misma escuela adquieren
el derecho de separarse durante un año para ocuparse
de su superación, en general vinculada al estudio obligatorio
de algún tema.
Apartarse de las actividades cotidianas para superarse es,
obviamente, una práctica muy antigua, pero sólo
a mediados del siglo XX el concepto de sabático empezó,
en los Estados Unidos, a migrar de la universidad a la vida
empresarial. Hacia el final del siglo, algunas iniciativas
ya tenían lugar en Brasil.
Normalmente, yo paro "de verdad" en las vacaciones,
feriados y fines de semana. Pero hubo un momento en que necesité
más tiempo. Sentía la necesidad de romper drásticamente
con la rutina. Salir en sabático me pareció
la gran solución. Fue, realmente, un hito en mi vida.
El formato de mi sabático fue recorrer a pie el Camino
de Santiago, en España, durante el verano europeo de
1999.
Ese acontecimiento constituyó
una oportunidad de repensar en los actos externos a partir
de la revisión detallada de las actitudes internas
y colocar vida profesional y vida personal en la misma mesa.
Este sitio es uno de los resultados de mi período sabático.
Como ser humano y como directivo, quisiera compartir con usted
algunas reflexiones acerca del mundo que creamos en el trabajo:
Herbert Steinberg
DETÉNGASE Y PIENSE
En la investigación que antecedió a la realización
del libro "Sabático, un Tempo para Crescer"
(Sabático, un momento para crecer), encontré
mucho material de reflexión. Uno de los más
impresionantes fue "A Essencial Arte de Parar" (El
arte esencial de detenerse), del psicoterapeuta estadounidense
David Kundtz. Él expone que sólo haciendo paradas,
breves o prolongadas, podemos mantenernos totalmente despiertos
y recordar quiénes somos. Detenerse, aun para no saber
qué hacer, reanima y nos ayuda a seguir adelante de
forma concentrada y determinada. Es, según él,
un proceso espiritual, en el sentido de buscar nuestros significados,
valores y deseos más profundos.
El sabático, como pausa prolongada, es una plataforma
de renovación para quien lo hace y, para la empresa,
una ventaja competitiva. Si las empresas viven de talentos,
necesitan invertir en colaboradores saludables. En Brasil,
todavía son pocas las empresas que incluyen el sabático
como política, pero muchas ya invierten en pausas breves,
facilitando lugares para relajamiento, profesores para orientar
meditación, gimnástica, estiramientos, o masajistas
para una rápida sesión durante el horario laboral.
Las corporaciones se están dando cuenta de que la tensión
provocada por la rutina diaria disminuye la productividad.
Están viendo que su futuro depende de la buena salud
de sus colaboradores y colaboradoras.
Para el mismo trabajador, son numerosas las exigencias de
producción ininterrumpida, algunas irresistibles. Pero
la ventaja de realizar pausas para reflexionar sobre los propios
caminos no tiene precio.
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LA IMPORTANCIA DE VIVIR PLENAMENTE
A lo largo da mi carrera conocí directivos, hombres
y mujeres, que sólo invirtieron en reflexionar un poco
debido a alguna ruptura - ya fuera del matrimonio o de la
corporación - o, peor todavía, cuando estaban
hospitalizados en una sala de cuidados intensivos. Solamente
en el momento dramático de una situación-límite
se permitieron revisar su vida, su carrera, su pasado y su
futuro. Algunos vieron la interrupción forzada como
una especie de bendición. Decían: "Si esto
no hubiera ocurrido, jamás hubiera pensado en cambiar
mi vida". Pasaran tantos años atados (y atadas)
a la rutina y a las obligaciones del trabajo que no habían
tenido tiempo para pensar si estaban realmente haciendo lo
mejor para ellos o ellas, para sus familiares y hasta para
sus empresas. Sólo en los momentos difíciles
se percataron de que habían dejado atrás proyectos
personales. Muchos perdieron el empleo precisamente porque
no habían tomado una pausa oportuna para evaluar su
ruta.
Cuando decidí salir en sabático, una cosa me
inquietaba en particular: la enorme cantidad de personas bien
preparadas que, en su interior, no tenían ningún
proyecto. Simplemente conducían su vida como autómatas.
Y yo no quería repetir esa película. No quería
dejarme fascinar por la carrera y abandonar mi vida personal
en algún rincón. Sentí necesidad de hacer
una pausa y reflexionar sobre mi propia condición en
el mundo, para confirmar o modificar trayectorias.
Los primeros pasos fueron muy difíciles: negociar
cesión de tiempo con mis homólogos, conquistar
la adhesión y el entusiasmo de mis familiares y amigos.
Pero lo más penoso fue, con absoluta certeza, la negociación
íntima, la que exigió renunciar a normas establecidas
y afectó áreas de conforto. ¿Por qué
resulta tan difícil buscar posibilidades ocultas? ¿Qué
hay de tan aterrador en analizarse, preguntarse qué
satisface y qué no satisface, examinar más lentamente
el propio arsenal, intentar identificar oportunidades para,
eventualmente, reorientar la carrera o la vida personal? La
respuesta es: porque lo nuevo asusta.
En este comienzo de milenio nos enfrentamos a un mundo nuevo,
asústenos o no. Con la globalización y la Internet,
la Tierra se ha convertido en una aldea, con demandas y perspectivas
nunca imaginadas. El nuevo orden económico agudizó
la competencia por la calidad. Las empresas necesitan, más
que nunca antes, estimular la creatividad de sus colaboradores.
Así como ellas invierten en crear nuevos productos
y nuevos mercados, usted debe también invertir en la
realización de sus sueños.
Cree su modelo ideal de trabajo. Busque un amigo o mentor
que le ayude a priorizar esfuerzos y elaborar criterios. Verifique
si está usted calificado para su sueño. Trate
de orientar la carrera a partir del placer y de la energía
revitalizada. Realice una autoevaluación e intente
ver la realidad del mercado. Escuche sus emociones y sentimientos,
no se deje llevar por las conveniencias, no espere a ser estremecido
por una profunda conmoción. Determine qué es
para usted el éxito. A fin de cuentas, la definición
de éxito es distinta para cada persona.
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PASADO, FUTURO, PRESENTE
El sociólogo italiano Domenico De Masi sostiene que
estamos entrando en el período postindustrial, en el
que ya no tiene sentido ver la producción como en una
fábrica del siglo pasado. Por otra parte, defiende
que es utópica la idea de vencer el desempleo. Para
él, la solución sería transformar la
falta de trabajo en liberación del trabajo, la cual
aumentaría el tiempo individual de ocio. Para ello,
sería necesaria una profunda transformación
interior, individual y colectiva. Él argumenta que
el avance tecnológico generó una nueva economía
y dicha economía superó las barreras del tiempo
y del espacio, haciendo innecesario realizar tareas de forma
masiva en períodos de tiempo estandarizados. Los tiempos
sociales, manifiesta, debían respetar los ritmos biológicos
y el tiempo psicológico. La palanca silenciosa de la
sociedad industrial, vista por el sociólogo, es el
deseo de ganar más. El de la postindustrial, el deseo
de felicidad.
Usted y yo, que hemos vivido con un pie en el período
industrial y otro en el postindustrial, corporificamos una
fase de cambios y conflictos. Aunque condicionados por la
coyuntura, nos cabe adoptar una actitud crítica. Ya
hemos visto las maravillas y los horrores de los artefactos
creados por el ser humano y sabemos que la naturaleza no es
inagotable. Estamos despertando ante la búsqueda de
la felicidad exenta del poder adquisitivo. El ocio creativo,
bandera enarbolada por De Masi, puede realmente ser una plataforma
de cambio para mejorar.
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PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Frecuentemente las personas me hacen estas preguntas:
1- ¿Qué tiempo debe durar un período
sabático?
R- El tiempo necesario para producir un cambio. La duración
va a depender de cada proyecto específico. Tradicionalmente
las políticas de sabático en las universidades
ofrecen un año entero cada seis años trabajados.
En el ambiente empresarial no hay motivo para atenerse a esos
plazos.
2- ¿El Sabático afecta la carrera?
R- No. Por el contrario, tras un sabático el profesional
sabe mejor qué es lo que desea y se siente más
comprometido con lo que hace. Esto resulta interesante para
las empresas con visión de futuro.
3- ¿Puede uno salir en sabático con la familia?
R- Claro. El Sabático no implica aislamiento. La convivencia
con la familia puede ser parte esencial del mismo e incluso
una de sus razones de ser. Es el caso de la persona que está
sintiendo el apremio de reorientar el contacto con los hijos.
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