MACHU PICCHU

Tengo proyectos de largas paradas para reflexión como parte de mi desarrollo personal. Pretendo realizar otros períodos sabáticos, como fue la peregrinación a Santiago de Compostela. Paralelamente, siempre que es posible procuro hacer salidas cortas, para ver de lejos mi ciclo de compromisos y decisiones.

Hice eso recientemente. Durante cuatro días caminé por la Trilla Inca, en el sur de Perú. Escogí un local sagrado para reponer las energías y meditar. El aislamiento tuvo la doble función de marcar la implementación de mi consultoría en gobierno corporativo y reevaluar proyectos en andamiento. Tuve, también, oportunidad de sentir y hasta de "ver" las energías del lugar. Tuve la emoción de conocer Machu Picchu, la ciudad perdida, y pude reflexionar sobre mis actividades como consultor, escritor y profesor.

Como me gusta hacer, compré guías, visité sitios y consulté libros sobre el asunto. El viaje resultó estar lleno de oportunidades de aprender.

La llegada a las tierras altas

El aeropuerto internacional más cercano a Machu Picchu está en la capital de Bolivia. Para quien está habituado a altitudes moderadas como yo, que vivo en São Paulo, aterrizar en La Paz es al mismo tiempo deslumbrante y perturbador. Se ven de lejos las montañas nevadas y bajo nuestros pies la ciudad entera. El aeropuerto está a 4.150 metros. Es el aeropuerto comercial más alto sobre el nivel del mar y, por alguna razón oculta, se llama El Alto. Bajar la escalerilla del avión es la primera dificultad, cargar el equipaje es la segunda. No llegué a tener dificultad para respirar, como había imaginado, pero la sensación de debilidad y la cabeza rodando fue violenta. Con media hora en carro se llega al centro de La Paz, a 3.600 metros, donde normalmente los turistas pasan el primer día inmóviles en las camas de los hoteles. Se recomienda la alimentación más leve posible, pues la digestión es extremamente lenta. Hasta el raciocinio es lento.

Al día siguiente a la llegada embarqué en un avión para Cusco, en Perú. Dispensé el uso del cepillo de dientes y del peine para no gastar la poca energía que tenía abriendo y cerrando la mochila repleta. Fue bueno haber llegado cinco días antes de comenzar la caminata para aclimatarme a la altitud.

Valle sagrado

El Río Urubamba, también llamado Vilcamayo en el trecho inicial, nace en Titicaca, el gran lago que se encuentra en la frontera entre Bolivia y Perú. Sigue rumbo norte y, recibiendo importantes afluentes, forma el Ucayali, después Solimões y enseguida nuestro Amazonas. Al sur de Perú, en la región llamada Cusco, atraviesa el Valle Sagrado de los Incas, compuesto por altas montañas, algunas nevadas y otras cubiertas por vegetación tropical. En ese valle existen grandes sitios arqueológicos, como Ollantaytambo y Pisac, dejados por la civilización inca.

La capital de los incas era la ciudad de Cusco, donde anualmente es revivido el Inti Raymi. Tuve la oportunidad de asistir, junto a millares de personas provenientes de la región y de otros países, en las ruinas fuera de Cusco, la ceremonia en homenaje al dios Sol. Centenas de figurantes, con ropas típicas de colorido fuerte, danzan y cantan una música que parece un mantra, durante horas y horas, primero en las plataformas del templo de Koricancha y después en la fortaleza de Sacsayhuamán. El punto alto de la fiesta es la representación del sacrificio de un animal. En el rito original, una llama negra era ofrecida a los dioses, y a partir de los movimientos de sus vísceras el sumo sacerdote adivinaba el futuro.

Una ciudad repleta de enigmas

Machu Picchu, importante centro económico, cultural y religioso de los incas, es sin duda la reliquia más intrigante del Valle Sagrado. Su historia pre y post colombina no está totalmente clara. Parece cierto haber sido refugio de nobles, sacerdotes, artistas y grandes conocedores de arquitectura, astronomía y otras ciencias.

Ocupa el topo de una montaña de difícil acceso, protegida por montañas más altas, al lado del cañón del río Urubamba, en una región de floresta densa. Altos picos alrededor de Machu Picchu protegen los cuatro rincones -- o suyos, en la lengua quechua, hablada en la región. Esos picos representan los dioses apus, señores de las montañas. La vecina montaña Hauynapicchu tiene tres picos, llamados Salcantay, Willaweq'e (o Verónica) y Pumasillo. Mi guía de camino, Jim, típico hijo del Valle Sagrado, contó que los tres picos representaban para los incas, respectivamente, el padre, la madre y el hijo. O la luna, el sol y las estrellas. Jim habla del pasado como se hablara también del presente. La cultura inca parece estar aún impregnada en los habitantes de la región.

Al contrario de lo que vi en el Camino de Santiago, son raros los casos y leyendas sobre Machu Picchu en la tradición oral. Según el profesor peruano Darwin Camacho Paredes, la ciudad fue construida entre 1400 y 1530, esto es, antes de Pizarro, el invasor español, liquidar todo el imperio inca, que habría comenzado en 1100. No es consenso entre los estudiosos, pero la ciudad parece haber sido abandonada antes de ser descubierta por los españoles.

De 1535 a 1572 los incas, liderados por Manco Inca y después por Tupac Amaru, lucharon contra los europeos. Se destruyeron innumeras construcciones y vías de comunicación entre las ciudades. Parece que los incas llevaron a las personas especiales, aquellas que eran sagradas, para un lugar donde pudieran estar protegidos para continuar su camino espiritual. La nación inca desapareció, pero Machu Picchu permaneció prácticamente intocada.

Poco se sabe de su población. Investigadores localizaron tumbas en las laderas de las montañas, que revelaron un hecho intrigante: más de 60% de los esqueletos eran de mujeres. ¿Qué habría sucedido? No se cuenta aún con una explicación conclusiva.

Machu Picchu tiene enormes terrazas, que eran utilizadas para plantío. La parte urbana cuenta con construcciones imponentes, como templos, palacios y observatorios astronómicos. Actualmente los nombres dados a las construcciones son Puerta del Sol (Intipunku), Templo de las Tres Ventanas, Templo de las Aguas, Templo del Cóndor.

La parte urbana tiene al centro un área enorme, que era utilizada para rituales y festivales. Todo indica que era grande el número de habitantes del vecindario, que venían de los cuatro rincones para participar de esos acontecimientos.

Al lado oeste, sobre una elevación, está la pirámide sagrada de Intihuatana, que demuestra el gran dominio de los incas sobre técnicas arquitectónicas, que van más allá del profundo conocimiento del movimiento solar.

Sitio esotérico

Corriendo todo riesgo de imprecisión, intento aquí juntar fragmentos de lo que vi, oí y leí, investido de la autoridad de curioso en el asunto.

No hay quien diga que Machu Picchu no continua tan viva como siempre estuvo, que las energías sagradas ya estaban allí antes de la llegada de los incas. Fui testigo de que es, como mínimo, un lugar peculiar, al colocar mi mano izquierda sobre una gran piedra llamada Reloj del Sol, que es considerada una roca de energía. Puse la mano y, por primera vez en la vida, pude ver mi aura. En cada uno de mis dedos se fue formando una corona naranja, después rojiza, que contornó toda mi mano.¡Impresionante!

Sustentan algunos esotéricos que la Atlántida, el legendario continente situado encima del Ecuador, entre Europa y América, habría sumergido abruptamente. Muchos sobrevivientes habrían logrado navegar hasta los continentes vecinos. Algunos emigraron para el continente americano, entrando por donde ahora están México y Estados Unidos. Otros fueron para Europa y el norte de África. Mucho más avanzados que los nativos, los atlantes tendrían actuado como maestros y sacerdotes en las nuevas tierras. De entre los que fueron para Europa, un grupo entró por el norte de la Península Ibérica, creando la ruta que es hoy el Camino de Santiago. Muchos de sus integrantes atravesaron toda Europa, y a lo largo de los años sus descendentes llegaron al Oriente Medio y hasta el Extremo Oriente, de forma que, en última instancia, la Atlántida sería el granero de grandes civilizaciones de todo el planeta.

Los que habrían desembarcado en la región de México generaron los primordios de las naciones azteca y maya. Sus descendientes habrían emigrado para el sur, llevando el embrión de la cultura inca.

No sé decir si la cultura inca refleja o no la cultura celta, muy presente en el Camino de Santiago, pero la celebración del solsticio es parte de ambas. El Templo de las Tres Ventanas, según algunos, es un homenaje a la Madre Tierra, Pachamama. Tiene ventanas en dirección de este a oeste que marcan, entre otras cosas, el nacer del sol en el solsticio de invierno - en el mes de junio, aquí en el hemisferio sur.
Celtas y atlantes aparte, esa construcción sería dedicada, también, a los animales símbolos de los tres mundos del universo inca: el cóndor, representando el paraíso, el puma (o jaguar), la vida presente, y la cobra, representante del mundo interno, el mundo no físico.

Las tres ventanas serían, también, resultado de la numerología inca. El número uno simbolizaba el Padre Creador del Universo, Viracocha. El número dos significaba dualidad, complementariedad, oposición. El número tres representaba la dimensión espiritual de la vida.

Mi guía Jim contó que los conquistadores españoles oyeron decir que los nativos tenían una ciudad dorada, el doble de Cusco, El Dorado. Salieron buscando esa ciudad de oro, que era en verdad Machu Picchu, pero nada encontraron.

Jim se refirió a El Dorado para explicar un hecho que le sucedió algunos años antes. Fue procurado en Cusco por un señor anciano que quería ir a Machu Picchu como cargador. Jim resistió, porque la tarea ya es pesada para los jóvenes, pero acabó cediendo a la insistencia de aquel señor, que desempeñó muy bien la tarea. Al ver la Intipunku, el hombre olvidó el cansancio y salió corriendo, aún cargando el equipaje de los turistas. Paró en la Puerta del Sol, se sentó y encogió todo el cuerpo.

lorando, le dijo a Jim: "Mira, jefe, ¡el Machu Picchu tiene luz!". Jim después supo que el viejito era un brujo, un chamán. Jim dijo que se emocionó en aquel momento. E hizo este comentario: "El viejito, para conocer Machu Picchu y encontrar la profundidad de sus raíces, tuvo que hacerse pasar por cargador. Llegó y encontró la respuesta a la pregunta que él tenía siempre en su corazón".

El camino

Caminé con un pequeño grupo de personas, Jim, y los cargadores, de Aguas Calientes a Machu Picchu. El camino no es para aficionados. Exige fuerza física, determinación y ajuste del cuerpo. Es una región muy bonita, llena de pequeños riachuelos, precipicios, muchas piedras, montañas enormes.

Pero el aire enrarecido es un desafío y tanto. Llegué a sentir dificultad para hablar y hasta para respirar. Durante todo el tiempo se está a gran altitud, se llega a 4.250 metros sobre el nivel del mar. Siguiendo orientación, para amenizar el esfuerzo llevé sólo una mochila de ataque con tres o cuatro quilos. La mochila mayor la llevaba un cargador.

La primera noche, al montar la barraca al lado de un riachuelo maravilloso, tuve el cuidado de usar dos aislantes térmicos debajo del saco de dormir porque el frío del suelo era demasiado. Al día siguiente cumplí una etapa de 6 kilómetros, saliendo de 2.950 metros de altitud y llegando a 3.800, caminando cuatro horas seguidas. Fue mucho más difícil que cualquier cosa que yo haya hecho en el Camino de Santiago.
El camino estaba relativamente vacío. Encontré grupos de adolescentes, familias con hijos grandes, parejas, y muchos caminantes solitarios. El segundo día, a la hora de dormir, tuvimos una llamada de emergencia. Bien arriba del campamento, una señora se sintió muy mal. Jim salió del campamento con el balón de oxigeno, subió de 3.600 para 4.200 metros, bajó más 50 hasta donde esa señora estaba, y la trajo en las espaldas. En el campamento, le dimos chocolate, sal, y un té caliente con mucha azúcar. Gracias a Dios, la hipotermia cedió y ella se despertó bien al día siguiente. Todos los acampados se reunieron. Hicimos un cereal y una tortilla comunitaria.

La noche siguiente dormí en lo alto de una montaña de 3.700 metros, con vista para un valle, con 360 grados de cordillera y de nieve. La imagen es surrealista. Despierto, yo pensaba que estaba soñando.

La última etapa del camino es formada por 2.500 escalones pequeños, muy estrechos. A veces es necesario bajar de espaldas para no caer. El paisaje, que era de picos nevados y piedras, se va tornando tropical, con pájaros, helechos, y vegetación exuberante.

¡Me emocioné al avistar Machu Picchu, imponente y magnético! Vista desde la Puerta del Sol, la ciudad es absolutamente linda. Media hora más tarde yo ya estaba caminando sin prisa por la parte central. Tuve el privilegio de pasar la noche allá, sintiendo que un mundo muy antiguo se mezcla con el presente.

Me sentía feliz por haber podido, paso a paso, empeñar mi mayor esfuerzo en la búsqueda del verdadero ejercicio del ser.

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