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CAMINO DE SANTIAGO
Son diversas las rutas que conducen a Santiago de Compostela,
partiendo de diferentes puntos de Francia, Portugal o de la
misma España. El camino que escogí, saliendo
de Saint-Jean-Pied-de-Port,
al pie de los Pirineos por el lado francés, es sólo
una de las opciones. Está colmado de simbolismos, por
su significado para la historia de Europa, por las construcciones
antiguas y por los numerosos relatos que han dejado los peregrinos
a lo largo de siglos. El más antiguo de estos es el
Codex Calixtinus, escrito en 1130 por Aymeric Picaud.
Caminé más de 850 km en 5 semanas: una experiencia
que puso a prueba mis límites y demandó repensar
mi vida.
Casi un año antes de la partida hacia España,
anoté las ideas en un papel, discutí con amigos
y recibí importantes consejos. Yo quería divulgar
mis ideas entre el mayor número posible de personas,
principalmente las angustiadas con el rumbo de sus vidas,
las que consideran la falta de tiempo o de dinero obstáculos
insuperables. Quise mostrar la posibilidad de trabajar 70
horas semanales como directivo y aún así conseguir
tiempo para sí mismo. Y me dispuse a buscar patrocinio
para crear un proyecto autosuficiente, sin gastar dinero.
Para mi sorpresa, logré el apoyo de importantes empresas,
personas e instituciones, como DBM, Banco Santander, Radio
Eldorado, el periódico Jornal da Tarde, Iridium-Motorola,
Iberia, Antonio Nieto (cónsul de turismo de España),
Mandic (nombre anterior de El Sitio) y la ADD (Asociación
de Deportistas Deficientes).
Pude recaudar los ingresos para que el proyecto fuera autosuficiente
y, todavía más, aproveché para donar
el excedente a la institución Pequeno Cotolengo, ubicada
en ciudad de Cotia, estado de São Paulo, Brasil, y
que abriga a niños y adolescentes con problemas de
locomoción. La ADD, así como la AACD: (otra
institución de caridad), recibieron divulgación
gratuita en mis charlas por radio y en la prensa escrita.
El proyecto incluía publicar textos en el periódico
O Estado de S. Paulo, dar informaciones turísticas
en el Jornal da Tarde y realizar breves intervenciones en
la programación de la estación de radio Eldorado.
La emisora fue un canal extremadamente importante, pues me
permitía hablar en tiempo real con miles de personas
atrapadas por el tránsito o por el corre-corre de las
grandes ciudades. Registré 111 intervenciones durante
la caminata. Muchas fueron al aire integralmente, otras fueron
editadas. Dichas grabaciones
registran el momento que yo estaba viviendo, con informaciones,
comentarios y mucha emoción.
Viví, en otro contexto, un desarrollo de carrera.
Empecé como peregrino trainee, un iniciante lleno de
dudas y perplejidades. Después me convertí en
peregrino junior, ya con cierto conocimiento; después,
pleno, senior y, casi al llegar, peregrino master, que entiende
el pensamiento de su cuerpo y sabe usar la competencia de
los otros en su beneficio y viceversa. Sabe intercambiar,
donar, recibir, compartir, enseñar, aprender.
Durante el Camino tiene usted la oportunidad de vivir diferentes
cosas. En lo particular, disfruté de nuevos amigos,
del ocio, del placer, del relajamiento, de la nada.
Muy rápidamente, se percata uno de que la cabeza es
el gran factor que debe ser manejado. Una vez ajustada la
condición física y superada la ansiedad y la
euforia iniciales, el peregrino, a cierta altura, se enfrenta
durante días y días consecutivos a un paisaje
formado por campos de trigo a 360 grados. Y, entonces, es
imposible no permanecer introspectivo. He ahí que ocurre
la magia. En los campos de trigo yo repasé mi vida,
evalué mi carrera, revisé mis documentos.
Caminé, sufrí por el calor, pasé frío,
dormí en la calle, tuve momentos de angustia y, 33
días después, en una mañana bien temprano,
llegué a la catedral de Santiago de Compostela. Fui
recibido por un cura que coincidentemente se llamaba Santiago,
con quien pude discutir reflexiones que había hecho
durante el Camino.
Llegar a Santiago no fue suficiente. Yo quería más.
Quería llegar realmente al límite. Por ello,
continué caminando hacia el Oeste, hasta Finisterre.
Esa etapa, con características de trekking, fue más
difícil y aun más intensa. Finisterre, como
lo indica su nombre, es el lugar donde los antiguos creían
que acababa la Tierra. Vi allí una magnífica
puesta del Sol en las aguas del Atlántico. Ver la escena
"al revés" (en Brasil vemos el sol nacer
en el océano), con la emoción de concluir la
aventura, fue una experiencia única en mi vida. Reviví
todo lo que había pasado durante el Camino y sentí
que estaba rompiendo con una manera de pensar. Pasé
a colocar mi enfoque y energías en lo que me parece
realmente importante: transformar sueños en proyectos,
fantasías en realidad.
Herbert Steinberg
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Lea los textos de las intervenciones de Herbert durante
la caminata
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