¡Viva la inconstancia!

Una mochila y nada más.

Nunca me había imaginado realizar un sabático, aunque conociera y considerara el concepto interesante. Se trata de una separación de la rutina cotidiana por algún motivo íntimo, y tiene el propósito de darle nuevas energías a la vida personal y profesional. Siempre tuve largas jornadas de trabajo, a veces de 70 horas semanales, que se extendían al fin de semana, en cargos de extrema tensión, a veces haciendo descaso de la familia y del ocio. Provenía de una carrera exitosa en el área de recursos humanos. En 1997 dejé de ser director corporativo de RH del Citibank para trabajar como consultor en DBM – Drake Beam Morin de Brasil, donde ayudaría a las personas a reencontrar sus proyectos profesionales.
Al comienzo, me encantó la experiencia como consultor. Me percaté de que era una vocación. En la nueva actividad empecé a ver, angustiado, cuántas personas había sin ningún proyecto en la vida, que no se detenían para recargar las baterías, creando de ese modo crisis de contenido, crisis de repertorio. En la misma época sufrí una sacudida, cuando una joven vieja amiga se suicidó. Fue el detonador para que yo me detuviera para pensar.
Algunos meses después, participando en un evento internacional de la empresa en Orlando, Estados Unidos, sentí que necesitaba cambiar algo. La clausura del encuentro sería un domingo, Día de los Padres. Decidí que era más importante estar con mi familia aquel día. Me di cuenta de que ya no tenía edad para quedarme con los deseos. Abandoné el evento y regresé a casa.
Durante el viaje diseñé un proyecto. Escribiría un libro, buscaría patrocinio y destinaría los recursos a entidades de beneficencia. Opté por entidades de asistencia a personas con problemas de locomoción. Decidí caminar por los que no pueden andar, recorriendo el Camino de Santiago, en España. La peregrinación favorecía la reflexión, permitiéndome ejercer un papel totalmente distinto. En lugar de agenda apretada y portafolio de directivo, una mochila y nada más. Al llegar a São Paulo, sorprendí a mi familia con los planes. Mi hijo y mi hija pensaron que yo no estaba bien. Mi esposa, igualmente, lo consideró muy extraño. La negociación íntima fue más complicada: salir de la zona de bienestar era el más difícil de todos los pasos.
Realicé la peregrinación a mediados de 1999. En el Camino, nuevos retos me aguardaban. Aprendí cuán difícil es manejar el cuerpo y la cabeza cuando se recorren más de 800 kilómetros. Dormí en establos, locales públicos, albergues, sacristías, naves de iglesias. Me entregué en cuerpo y alma a esa vida absolutamente sencilla. Fue renovador convivir con personas del mundo entero y de todas las edades, desde una amiga de 24 años hasta un gran amigo de 74. Tuve el privilegio de emprender varios caminos en el mismo Camino. Hice el camino del desafío y de la aventura, el de la vivencia religiosa, el de conocimientos históricos e hice, principalmente, el camino hacia una nueva vida.
Mi agenda cambió definitivamente. Hoy sólo dedico energías a lo que en realidad me interesa. Es más, algunos amigos y ex jefes me han dicho que soy una persona con agenda propia. Y parece que ahora lo soy de verdad. Con la experiencia del Camino descubrí que había pasado la mayor parte de la vida buscando el tener. Peor aún, muchas veces ni me daba cuenta de que estaba haciendo un tremendo esfuerzo para parecer tener, no era ni siquiera para tener. En el Camino de Santiago descubrí lo que realmente significa ser, sencillamente ser.

Herbert Steinberg

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