Tan difícil como restaurar una casa

La junción de culturas en los procesos de fusión de empresas es una de las etapas más difíciles. Si no se lleva a cabo con transparencia puede llevar al fracaso de la operación.

La necesidad del mundo corporativo de crecer y hacerse cada vez más global es el motivo de las fusiones que unieron durante los últimos años a gigantes como Daimler y Chrysler, America On Line y Time Warner, Citicorp y Travelers, así como a empresas brasileñas como Brahma y Antártica, y los bancos Santander y Banespa.
Si, por una parte, esas incorporaciones son el resultado de procesos aparentemente "sencillos", aunque las negociaciones tarden varios meses, por otra, no se puede negar que la "cosa" tropieza en la junción de culturas. "Aunque se jure con la mano sobre la Biblia que la 'nueva' empresa tendrá un proceso compartido, la verdad es que siempre habrá un comprador y será este el que dicte las reglas del negocio, muchas veces con posturas de invasor y de arrogancia", enfatiza el administrador Herbert Steinberg, uno de los responsables por dirigir los cambios del proceso cultural durante la adquisición del banco Banespa por el Banco Santander, de España. "Es como invadir un país de la Edad Media y someter la cultura local a sus valores y controles", completa.
Según él, en nueve de cada diez empresas incorporadas prevalecen la cultura, el estilo y las principales decisiones del comprador, aunque sea este el dueño de la marca menos conocida. "Es inherente al ser humano el sobrevivir, el marcar el territorio. O sea, el invasor siempre deja claro quién invadió a quién", justifica.
Eso explica por qué llevar a cabo un proceso de cambio cultural resulta complejo. "Es como restaurar una casa", dice el administrador, recordando que por mucha planificación que se haga, las cosas nunca salen como se pensaron. Y no es para menos. La cultura de una organización está representada por el conjunto de creencias, valores y normas que comparten los colaboradores y varía en cada grupo. O sea, no se puede hablar de culturas iguales en la unión de dos empresas, y ello se aplica a empresas de cualquier envergadura. "Cuando ocurre la fusión de la cultura A con la cultura B, surge una tercera cultura, que nada tiene que ver con A o B, a pesar de ser fruto de ambas", explica Steinberg.

Resistencia declarada

Una de las principales dificultades de administrar un proceso de cambio cultural es combatir la resistencia, casi siempre motivada por el temor a la adecuación de procesos y a los cortes en el cuadro de personal. La resistencia es una especie de protección, propia del ser humano, cuando no le gusta lo que se le propone o cuando se siente amenazado. No obstante ello, asegura el consultor estadounidense William Bridges, que hace más de 30 años estudia los efectos de los cambios en la vida de las personas, resistir no conduce a ningún lugar. "Es necesario aceptar los cambios y sacarles la parte buena que tengan", afirma.
El cuadro de resistencia empieza a formarse a partir del momento en que surgen los rumores de la fusión y se consolida a medida que las negociaciones avanzan, llegando al clímax cuando empiezan a circular por los pasillos de las organizaciones personas (nuevos directivos) nunca antes vistas. Por ello, resulta fundamental que se divulguen rápidamente los objetivos, cambios y compromisos de la "nueva empresa". Cuanto más se tarde, mayor será la resistencia. Si, por ejemplo, va a haber reducción de personal, esto se debe definir rapidamente. "La expectativa hace al ambiente de trabajo algo insostenible", ilustra Bridges.
De acuerdo con Steinberg, para que los procesos de fusión o de compra alcancen el éxito que se espera deben estar precedidos - y muy bien manejados - por programas de comunicación amplios y transparentes. "El problema es que nadie discuerda cuando se dice que debe haber comunicación y transparencia. Pero las empresas no ponen en práctica estrategias amplias y no hablan con los grupos como lo deberían hacer ", afirma.
Para justificar su afirmación, él recuerda que las razones que llevan a las empresas a fundirse son obtener mayor participación en el mercado, complemento estratégico, excluir competidores y agregar valor a los negocios. Es decir, si no se implantan programas de comunicación eficientes (rápidos y repetitivos), las personas tendrán menos tiempo para darse cuenta de las ventajas y sí tiempo de sobra para fomentar resistencias.

Empresa global... administración local

En ambientes biculturales (junción de empresas de dos países), es necesario que las personas aprendan a identificar las características culturales e individuales de los colegas de otros países. De lo contrario, habrá conflictos.
Uno de los casos más conocidos es el de Daimler-Chrysler, nacida de la fusión de las empresas Daimler-Benz y Chrysler, en 1998. Los directivos de las dos empresas ignoraron las "diferencias" y sólo veían las "semejanzas". Pronto, el abismo que los separaba se hizo evidente. Y traducido en números: el valor de la empresa, estimado en US$ 72 mil millones en el momento de la fusión, disminuyó a US$ 55 mil millones cuatro años después. En ese mismo período se despidieron casi 90 mil personas y el perjuicio en 2001 no fue más de US$ 662 millones gracias a los excelentes beneficios de Mercedes Benz.

Sabiduría

Para Steinberg, quien trabajó durante varios años para empresas estadounidenses, es normal que las organizaciones compradoras impongan las reglas, principalmente si las "adquiridas" son de países con poca tradición en el comercio internacional. "La parte positiva es que estas pueden beneficiarse con nuevas tecnologías y tener acceso a los capitales con más facilidad; la parte negativa es la falta de percepción del ejecutivo que está sentado en Nueva York y "considera" que, desde allí, puede controlar el nuevo negocio, sin conocer cómo funciona el mercado", enfatiza.
Él afirma que los inversionistas globales están cada vez más atentos a esa realidad. "Empezaron a considerar al administrador brasileño como una sana solución para la gestión de los negocios de Brasil". Y completa: "Me parece que es sabio por parte del inversionista designar a un ejecutivo que tenga sentido global de realización, de inversiones, pero que sea local en su esencia, pues sólo así podrá entender el ambiente y las cuestiones básicas necesarias para el mejor desempeño de los negocios".
En una inversión reciente, explica, es importante tener el control de los negocios, exportar know how e implementar la cultura de la organización del país sede; concluido el proceso de despegue es importante preparar la sucesión con el objetivo de tener a un ejecutivo local. "Manejar proyectos y negocios en lugares diferentes significa administrar cosas diferentes", destaca.

Procesos traumáticos

Los procesos de cambio en las organizaciones, a pesar de que se trata de garantizar el mínimo de tranquilidad para ambas partes (empresa y empleados), son siempre traumáticos. Los choques culturales son inevitables y, en el caso de la incorporación de una empresa estatal por una privada, pueden alcanzar dimensiones imprevisibles.
Símbolo del estado de São Paulo, Brasil, el banco Banespa tuvo el control accionario adquirido por el banco español Santander, en noviembre de 2000. Ello provocó la protesta de sus empleados. Más que temer por los cambios estratégicos y gerenciales - muchos de ellos necesarios - la angustia era salir de las manos del Estado, lo que significaba el fin de la estabilidad en el empleo y de la manera de hacer las cosas, para caer en los brazos de una institución que preconiza la competitividad en todos sus sentidos.
Ya en los primeros días de la nueva gestión, el Santander impuso un ritmo y una forma de relacionarse desconocidos por los profesionales del Banespa. El mensaje era claro: la creación de un "nuevo Banespa".
La mayoría de los cambios causó asombro, malestar e indignación. Peor: había demasiadas personas en la institución y el que no era despedido tenía que adaptarse a un nuevo estilo de trabajo.
A los empleados se les trazó metas individuales de ventas de productos y se les exigió su cumplimiento. Ese tipo de estímulo a la productividad, considerado normal en empresas, generaba malestar en el banco recientemente privatizado. El que no vendía era visto como un delantero que había dejado de hacer un gol.

Colesterol alto

Además de ser estatal, el Banespa tenía una cultura corporativa muy peculiar. Siempre fue una institución altamente politizada, con una importante representatividad en la dirección de los sindicatos. Eso explica la resistencia contra la privatización. "Sólo una parte de los empleados resistía porque quería mantener el banco como era. Si seguía como estaba decretaríamos el fin del Banespa por pérdida de competitividad. Cuando un banco se pone gordo, con colesterol alto, deja de hacer ejercicios físicos y se alimenta mal, fatalmente morirá. Hoy día, el banco está bonito, ágil y bronceado por el sol", afirma Steinberg.
Para él, la transferencia del banco fue positiva para la institución, para Brasil y para el sistema bancario. Para la institución, que se vio ante nuevas técnicas de gestión e inversiones en tecnología; para Brasil, porque contabilizó divisas; y para el sistema, porque empezó a contar nuevamente con un banco sólido. "En poco tiempo, las personas asimilaron el enfoque deseado y transformaron el banco en una máquina de ventas. Fue un salto muy importante", concluye.

Fonte: CRA-SP (Conselho Regional de Administração - São Paulo)

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